San Sebastián
Patrón del orgullo.
San Sebastián (256—288) fue uno de los primeros mártires cristianos, un joven centurión del ejército romano que por ayudar a los cristianos fue asaeteado por orden del emperador Diocleciano. Aunque no murió (sobrevivió a esos flechazos curado por santa Irene) y después fue lapidado definitivamente, iconográficamente está ligado a las flechas.
Así aparece desde entonces en cientos de obras de arte: lleno de flechas clavadas en su cuerpo desnudo, algo que por otro lado lo convierte en uno de los santos más reconocibles; no lo son tanto San Esteban y sus piedras o San Lorenzo y su parrilla. Lo curioso es que con el tiempo, San Sebastián se ha convertido también en todo un icono homoerótico, no solo por ser emblema de la belleza masculina, sino por ser joven, guapo, presumir de un desnudo tonificado y tener una mirada en la que vemos que acepta el dolor de sufrir la perforación de su cuerpo, como un tipo muy masculino pero aceptando la pasividad.
El santo nunca registra las agonías de su cuerpo, y podríamos decir que su belleza y su dolor están eternamente divorciados el uno del otro. Quizás ahí está el porqué de la obsesión de muchos artistas por esta figura que contribuyeron poco a poco con sus pinturas a establecer a este santo como patrón extraoficial de los homosexuales.
En la Edad Media se veneró mucho a San Sebastián por considerarlo el perfecto santo protector contra la peste. Ni una lluvia de flechas podía matarlo. Pero algo acaloraba a las feligresas —y a más de un feligrés— al ver a la figura del santo a la manera de un Apolo y no al típico viejo barbudo, como el resto de santos.
Es en el renacimiento italiano, época gay friendly por excelencia, donde muchos artistas empezaron a representar al santo de manera distinta. Con la obsesión de la época por la belleza del cuerpo desnudo, a la manera griega y romana, San Sebastián empieza a ser despojado de más y más ropa, y el dolor de su cara empieza a confundirse y parecer que el santo incluso está disfrutando un poco de su martirio. Ahí sí se despertaron auténticos pensamientos lascivos en las iglesias.
Hubo casos de artistas como Guido Reni (1575–1642) al que le gustaba bastante pintar al santo. Aunque no hay pruebas sólidas de su salida del armario, muchos hablaron en la época de que el artista «se convertía en mármol» en presencia de modelos femeninas, además de ser un soltero empedernido que vivió con su madre hasta los 55 años y tras esto, no dejó entrar en su casa a una mujer.
Sus representaciones del santo lo dicen todo: los paños de pureza tapando genitales están a milímetros de enseñarlo todo. Más que manifestaciones de devoción religiosa parecen las decoraciones de una sauna.
San Sebastiano (1615)
Guido Reni
Óleo sobre lienzo.
129 x 98 cm
Museos Capitolinos, Roma.
Otro artista que retrató al santo fue Il Sodoma (1477–1549) que es como era conocido Giovanni Antonio Bazzi por su homosexualidad abierta.
Era un pintor bastante talentoso, de hecho Rafael lo pinta a su lado en La Escuela de Atenas.
Según Vasari, Il Sodoma se vestía alegremente, y su casa era conocida como el arca de Noé, llena de animales raros. Muy bromista con sus amigos (de hecho era considerado un artista en eso de gastar bromas), también componía y cantaba canciones muy indecorosas sobre su propia «vida licenciosa» que hacían sonrojar a la gente.
Por cierto, a Il Sodoma le gustaba mucho su apodo (el sodomita). Al parecer, no ocultaba sus preferencias, y de hecho estaba muy orgulloso de ellas. ¡Y estamos hablando del siglo XVI!
Martirio di San Sebastiano
Il Sodoma.
Óleo sobre lienzo.
206 x 154 cm
Galería Uffizi, Florencia
El mismo Rafael, Botticelli, Mantegna, El Greco, Caravaggio o Rubens serían algunos de los muchos artistas que plasmaron su visión del mártir con un homoerotismo más o menos velado, todos enseñando cuerpo serrano con más o menos dolor por las flechas.
San Sebastiano (1501–1502)
Rafael Sanzio
Óleo sobre tabla, 43 cm × 34 cm
Accademia Carrara, Bérgamo
San Sebastiano (1474)
Sandro Botticelli
Temple sobre madera (195 cm × 75 cm)
Gemäldegalerie, Berlín.
San Sebastiano (c.1506)
Andrea Mantegna
Temple sobre madera (213 x 95 cm)
Ca’ d’Oro, Venecia.
El martirio de san Sebastián.
El Greco
Óleo sobre lienzo (191 × 152 cm)
Catedral de Palencia.
San Sebastiano (c.1520)
Caravaggio
Óleo sobre lienzo (89 x 61,5 cm)
Colección particular.
San Sebastián (c.1618)
Rubens
Óleo sobre lienzo (203,5 × 131,1 cm)
Gemäldegalerie, Berlín.
Es en el siglo XIX cuando al santo empieza a tener su popularidad entre los homosexuales. Oscar Wilde le dedicó una poesía abiertamente gay a uno de las imágenes que pintó Reni, ya no por su estética homoerótica, sino porque fue un santo que se negó a vivir escondiéndose y por ello fue repudiado. Wilde lo veía como un modelo a seguir. De hecho, el escritor pasaría dos años a la sombra por sodomía y al salir se exilió a París ocultando su nombre bajo el seudónimo de… Sebastian Melmoth.
Muchos artistas del XIX y principios del siguieron representando al santo, más o menos conscientes de estas connotaciones. Los resultados van desde imágenes propias de una portada de un disco de Los Smiths a otras que podrían ser escenas eliminadas de Cruising (1980).
Saint Sébastien (1906)
Gustave-Claude-Étienne Courtois
Óleo sobre tela (96 x 59 cm)
Colección particular.
Saint Sébastien (1855)
Camille Corot
Óleo sobre lienzo (52,5 x 35 cm)
Louvre, París
Le supplice de saint Sébastien (1900)
Gustave-Claude-Étienne Courtois
Óleo sobre tabla (96 x 59 cm)
Iglesia de Saint-Georges de Vesoul
Ex voto (San Sebastián)
(1912)
Ángel Zárraga
Óleo sobre tela
185 x 134,5
Museo Nacional de Arte de México
Heilige Sebastiaan (1894)
Jan Verkade.
Témpera sobre tabla.
46,5 x 23 cm
Musée départemental Maurice-Denis
Selbstporträt als Heiliger Sebastian (1915)
Egon Schiele.
Lápiz, tinta y gouache en papel (67 x 50 cm)
Historisches Museum der Stadt Wien, Viena.
En el siglo XX el mártir ya sería adoptado abiertamente por la comunidad LGTB y los artistas lo empezaron a usar como forma de activismo. Más tarde incluso se reinventó como protector del VIH. Por ejemplo Keith Haring, enfermo de SIDA, lo representó asaeteado por aviones.
St. Sebastian (1984)
Keith Haring.
Acrílico sobre lienzo
152,4 x 152,4 cm
The Keith Haring Foundation.
Dejando de lado su evidente connotación, la imagen del santo sigue siendo una mina inagotable para el arte, ya no solo para planteamientos plásticos, anatómicos, religiosos o emocionales, sino para reflexiones sobre sexualidad o identidad de género.
Sainte Sébastienne (1992)
Louise Bourgeois.
Grabado a punta seca sobre papel
120.5 × 94.3 cm
MoMA