Julia Minguillón
España, 1906–1965
A partir del golpe de 1936 y la consiguiente dictadura, España, a imitación de los fascismos europeos, estableció un nuevo canon artístico. Se dejaban atrás las experimentaciones vanguardistas (arte degenerado, decían los nazis) y se volvía a abrazar el realismo y la figuración. Julia Minguillón es un buen ejemplo de ello, lo que no quiere decir que su arte supusiera una regresión. En realidad, fue una extraordinaria retratista que supo canalizar todo el bagaje plástico acumulado desde el posimpresionismo.
Nacida en Lugo y criada en Vilanova de Lourenzá, estudió —gracias a una beca— en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y cambió varias veces su residencia. Allá donde iba, la burguesía le solicitaba retratos: en Lugo, en Vigo, en Madrid. Tiene a sus espaldas un buen logro, ser la primera mujer en ganar la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1941 con su obra maestra Escuela de Doloriñas. Pocas mujeres gozaron, en su tiempo, del reconocimiento y respeto profesional del que ella disfrutó.
Sus retratos y paisajes fueron innovadores en Galicia. Sin embargo, no se le considera parte de los «Renovadores» —como sí a Carlos Maside o Luís Seoane— por varios motivos. Primero, porque, aunque no consta su afiliación directa con la dictadura, formó parte de su élite social y estilo de vida y el régimen la premió y promocionó; mientras que los «Renovadores» representaban la antítesis de todo aquello. Segundo, porque ella mostraba escenas gallegas con amabilidad y lirismo, ajenas al desmesurado sufrimiento y terror de la Galicia aniquilada de posguerra; ellos denunciaban las injusticias. Y, por último, se mantuvo en el realismo mientras los «Renovadores» continuaron experimentando con las vanguardias.
El estilo de Julia Minguillón se sitúa en lo que podríamos llamar realismo de posguerra, o realismo sintético, al igual que el de Rosario de Velasco. Un estilo académico, figurativo, con escenas serenas, equilibrio compositivo y unos toques novedosos. Pues, aunque quisiesen borrar las vanguardias, estas dejaron huellas a su paso: volúmenes escultóricos, cierta esquematización y líneas poscubistas.