
El beso
El uso del blanco.
Es tan solo un boceto de Théodore Géricault, pero como el artista murió tan joven (a los tiernos 32 años), los museos de todo el mundo se rifan sus obras. Aún así, este dibujito tamaño folio es muy muy bueno. Es evidente que el muchacho tenía talento.
Géricault lo pintó durante un viaje a Italia que hizo en 1816–17. Como no consiguió el premio de la Academia que pagaba una beca para una estancia en la cuna del arte occidental, el pintor decidió visitar el país por su cuenta y riesgo. En ese viaje de estudios autofinanciado vio tetas y culos por doquier. Estamos hablando de arte, por supuesto. En Italia, la pintura mitológica no escatimaba en desnudos y Géricault pudo descubrir a los grandes maestros y sus escenas subidas de tono protagonizadas por dioses, ninfas y sátiros.
Pero lo que llama la atención de esta obra no es su sugerente erotismo. Lo más impresionante es cómo Géricault utiliza la luz. Como un maestro. El artista hace un uso magistral del color blanco para usarlo como una luz que incide sobre estos dos amantes besándose en su cama. Un poco de carboncillo, un poco de aguada y dejando cachos de papel en blanco, el niño prodigio del romanticismo francés consigue construir este maravilloso beso.
Theodore Géricault