
Colcha a cuadros
Resistiéndose a renunciar a lo bidimensional.
No es muy conocido fuera de Carolina del Norte, pero Claude Howell es una auténtica estrella en Wilmington, su pueblo natal. Puede que no os suene de nada este lugar, pero ahí se rodó nada menos que nuestra adorada Blue Velvet entre otras muchas películas. De hecho ahí acabó la vida de Brandon Lee durante el rodaje de El Cuervo.
Pero hablemos de Howell… Este interesante pintor se especializó en paisajes de su ciudad; a veces pintorescos paisajes costeros y otras una simple estampa ropa a secar, como en este caso.
Una serie de rectángulos de color cálido apoyan la horizontalidad del lienzo. Al fondo, árboles esquemáticos y otras estructuras de madera dan cierto equilibrio a la composición.
Como vemos, Howell juega con el color y los volúmenes creando espacios que se resisten a renunciar a lo bidimensional. Y es que cuando estuvo en Europa formándose, Howell quedó impresionado por las vidrieras de las catedrales. Es evidente que estas influyeron en su estilo, ya que desde entonces usó colores más brillantes y formas y volúmenes más planos.
Howell no estudió arte, al menos desde un punto de vista académico. El artista vivió la Gran Depresión muy joven y tuvo que trabajar como cualquier desgraciado en lo que no era su vocación, en su caso taquígrafo. Ahí estuvo más de veinte años.
En su tiempo libre, pintaba como un loco los paisajes de su querida Wilmington.