
El avaro y la muerte
Cortoplacismo.
Este maravillosos díptico formaba originalmente las contraventanas de un tríptico y se cree que el panel central se ha perdido. En él vemos por un lado a un cambista de dinero —oficio muy poco respetado y a veces hay que decir que con razón— y por otro a La Muerte que le está dejando unas monedas y señala un papel que asumimos que es un pagaré. A la izquierda hay un hombre levantando un dedo, que quizás se trate del autorretrato del artista ya que la pintura no está firmada.
Jan Provoost fue un pintor muy famoso en Brujas en ese primer Renacimiento del Norte de Europa, y fue además colega de Durero. Ambos retratarían de vez en cuando a la Muerte y a codiciosos banqueros haciendo tratos con ella.
Como su gran ídolo El Bosco, Provoost seguro que pensaba que los más estúpidos de todos los pecadores son los codiciosos, y que no hay sitio más podrido en el mundo que la banca, siempre habitada y nutrida por esas sabandijas cortoplacistas que llevan años gobernando el mundo, pero que ahora incluso lo dejan en manos de deficientes mentales con tal de llenar más sus bolsas. Vamos, haciendo tratos con la muerte. Lo llamativo es que es la muerte de todos, incluidos ellos.
Llama la atención en la pintura tres cosas: que se parta la escena por la mitad (y de paso se cercena el brazo del usurero), el típico detallismo y naturalismo flamenco que permite incluso reconocer el tipo de monedas que aparecen en la obra, y sobre todo esa ventana de motivos circulares. Cuanto más la miro más hipnótico resulta todo.