
El sastre de Gloucester
De ratones y sastres.
Antes de convertirse en protagonistas de los cuentos infantiles, los animales de Beatrix Potter fueron objeto de observación y estudio. Esta es, quizás, la clave para entender la relación entre sus novedosas ilustraciones infantiles y sus aportaciones como ilustradora naturista.
Su obra conecta con una larga tradición de ilustración científica, donde la que la imagen sirve para documentar, describir y transmitir conocimiento. Ya le venía de lejos: Potter tenía una familiaridad profunda con los seres vivos desde su infancia, ya que observaba y dibujaba los animales, plantas e insectos que encontraba en su entorno. Los veranos que pasó en Escocia y junto a los lagos de Inglaterra ayudaron a ampliar su universo artístico. De hecho, esta sensibilidad se reflejaría posteriormente, también, en su compromiso con la conservación del paisaje rural y la protección del patrimonio natural.
Cuando sus aspiraciones científicas se vieron frustradas por el hecho de ser mujer, la artista se centró en los cuentos infantiles. Así, aunó la observación rigurosa y el mundo imaginado.
Sus ilustraciones reproducen un mundo fantástico, acogerdor, cercano y cotidiano que acerca a los niños la realidad del entorno natural. Éstas acostumbran a estar hechas con una técnica suave de acuarela y tinta, con un gran volumen de detalle; de hecho, la autora podía pasar horas investigando sobre la materia que quería reproducir para asegurarse de que sus ilustraciones respetaran la realidad. Su uso de las luces y las sombras aportan dimensión y profundidad a las escenas. Su estilo, en su versión más madura, de puede observar en las ilustraciones que hizo para sus propios cuentos, como es el caso de El sastre de Gloucester [1].
Beatrix Potter hizo unas ilustraciones infantiles novedosas, de calidad y llenas de personalidad. Usó un lenguaje cercano a la realidad que cuenta una historia fantástica. Hizo su trabajo pensando en los niños como personas y como lectores —muy novedoso a inicios del siglo XX—, del mismo modo que ideó sus historias alrededor de sus intereses y diversiones, o que inventó el formato de «libro pequeño», pensado para unas manos pequeñas, infantiles.
En conclusión, la artista, con su producción, dejó atrás las ilustraciones infantiles profusas de la época victoriana y creó mundos sencillos y mágicos. Y, todo, tras la revolucionaria idea de que los cuentos para niños debían de adaptarse a la realidad los niños, que aquí se convierten en personas con criterio e entidad propia que pueden apreciar una buena obra de arte.
Beatrix Potter