
Escila
Sin Caribdis.
¿Esto qué es? es una de las preguntas que nos hacemos más frecuentemente al mirar determinado tipo de arte. Otra, que no decimos tanto en voz alta, también se aplica a esta obra: ¿Eso tiene forma de pene?
Ithell Colquhoun quería que nos hiciéramos esas preguntas. ¿Son un par de rocas fálicas, con texturas que mezclan la carne y la roca? O, quizás, ¿Se trata de unos muslos que se abren ante la llegada de un barco? Esto va de sexo, ¿no?
Sí, sexo y género. Y, de paso, un poco de visión mística de la naturaleza. La autora exploraba sus propias experiencias sexuales y de género en la Inglaterra victoriana. Lo hacía mezclándolas con los paisajes de Cornualles, en Irlanda, que eran base de su inspiración. A su parecer, la naturaleza combinaba rasgos masculinos y femeninos y le permitía transmitir elementos figurativos y andróginos.
De hecho, en esta obra, el observador es parte de la naturaleza, formando el cuerpo rocoso principal. Si os fijáis, la imagen reproduce la perspectiva que se tiene de uno mismo cuando uno se baña, pasado por un filtro inspirado por Dalí.
Aunque no sabemos cómo se definiría hoy Colquhoun en términos de identidad, su obra abre un espacio para cuestionar las categorías establecidas y explorar la sexualidad y el deseo desde la curiosidad y la experiencia sensorial. Invita a conectar con el mundo a través de las sensaciones físicas, difuminando los límites entre cuerpo y paisaje.
Por cierto: El título remite al mito griego de Escila, el monstruo marino de la Odisea que habitaba un estrecho y que sobrevivía a base de comerse a los marineros que intentaban atravesarlo. Sutil metáfora.
Ithell Colquhoun