
La víctima de la fiesta
La verdaera tauromaquia.
Ignacio Zuloaga fue alumno aventajado de Goya en el sentido de que sus pinturas son oscuras, incómodas y de denuncia. En tiempos que triunfa la luz de Sorolla, Zuloaga prefiere ser pesimista y retratar la decadencia de su país. Una decadencia política y social, ya que en lo cultural no eran malos tiempos… Suele pasar.
Zuloaga era miembro de esa Generación 98 que tan bien hacía las cosas, y como sus compañeros de generación Baroja, Azorín, Valle-Inclán o Unamuno, o como su ídolo Goya, retrato esa «España Negra» donde la pobreza y el analfabetismo era lo que abundaba.
No era antitaurino Zuloaga: la tauromaquia era un tema que trataba muy a menudo. Sin embargo aquí se pone del lado de la víctima de lo que esos garrulos llaman «fiesta», que además de los toros, es el viejo caballo de este picador. Bajo un cielo gris, casi negro, que recuerda muchísimo al Greco, este caballo blanco manchado de sangre acaba de ser herido en un lamentable espectáculo para un público Neanderthal con coeficientes sub-cero, asumimos que del pueblo del fondo.
Zuloaga usó como modelo una auténtica víctima de la fiesta, un caballo que compró a unos gitanos para curarlo. Era consciente de la contradicción que supone que te gusten los toros y saber que por ello eres un salvaje. Como prueba de esta esquizofrénica pasión, deja esta imagen que inevitablemente recuerda a un homenaje al Quijote.