
Pleno verano
Verano sofocante, pero bello.
Los esteticistas fueron unos dandis ingleses de finales del XIX que tenían un lema principal: «el arte por el arte». ¿Qué quiere decir esto? Pues básicamente que el arte —y de hecho también la vida— existe solo por y para la belleza. Ni lo moral, ni lo social, ni siquiera lo cultural deberían interferir en el disfrute estético de las cosas. El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde es un buen ejemplo de esta corriente que puede parecer trivial, banal y superficial, aunque con ella se inició una compleja búsqueda e investigación sobre conceptos tan complicados como «lo bello».
Lo que hacía Wilde en literatura, lo hacía Albert Moore en pintura. Aquí, el artista opta por pintar a tamaño natural a tres mujeres achicharradas de calor. El calor de verano se ve en la luz cálida, esos naranjas y sobre todo la languidez de la figura central.
Como buen esteticista, Moore apuesta por la solidez en el diseño, potenciado por la simetría y una ornamentación no demasiado recargada. Elementos como los nacarados, las alfombras, los mármoles o los abanicos japoneses (en esa época entraba el japonismo con fuerza en el arte) demuestran que a este hombre le gustaba también la artesanía bella, como un elemento más de lo estético como un estilo de vida.
Albert Moore