
Paisaje de Compostela
Minifundismo vanguardista.
Imaginad que nos asomamos a la ventana y vemos ese colorido valle. Puede que sin el título no fuésemos capaces de identificarlo, pero os aseguro que son unas vistas muy gallegas. ¿Por qué lo digo? Al mirar al horizonte siempre vemos montañas suaves, marca de nuestra orografía. Las diagonales del cuadro son siluetas de setos y árboles, se llaman sebes, unos muros separadores de fincas que en geografía reciben el nombre de bocage. Y, por último, fijaos en el tamaño y forma de las parcelas, estrechas, dispuestas siguiendo una línea central segmentada en porciones. Es el minifundismo gallego, que ha resistido épocas e intentos de concentración parcelaria, a pesar de su mala fama, asociado al atraso económico y a la agricultura de supervivencia.
Maside no sólo convierte esta tan despreciada realidad en un recurso plástico de extraordinaria fuerza, también convierte lo antiguo y denostado en algo vanguardista, propio de la modernidad. ¡Vaya un giro de tuerca! Es posible gracias al uso de los colores, lo que se lo debe al fauvismo, un movimiento que liberó al artista del dogma del color. Huertas naranjas, amarillas, azules, moradas, verdes y pardas. Si bien Maside no era un pintor fauvista por afiliación, en toda su obra se puede observar el gusto por la libertad cromática del citado movimiento francés. Frente al posible caos fauvista, la imagen guarda cierta sensación de tranquilidad. Sin duda se debe a que los colores libres están acotados en formas geométricas, heredadas de Cézanne y el cubismo.
Un último apunte. No es un paisaje sin más, de montañas y bosques. Son huertas, es decir, tierras trabajadas con el sudor de la frente. Algo incluso más denostado que el minifundismo, aun siendo una ocupación mucho más decente que el de cualquier explotador del trabajo ajeno. Los «Renovadores» defendían a la clase trabajadora, denunciaban los abusos que padecían y, como en este caso, dignificaban el trabajo.
Carlos Maside