
Cráneos
Así somos.
El místico viajero ruso Nicholas Roerich realizó este boceto inaugurando el nuevo siglo. No sabía lo que estaba a la vuelta de la esquina en el convulso siglo XX ni lo perfecto que era este estudio de anatomía para ilustrarlo.
Roerich dibuja a carboncillo un grupo de calaveras en diversas posiciones, orientaciones e incluso grados de descomposición. Muy detallados y expresivos, este conjunto de cráneos es a la vez un ejercicio anatómico y una metáfora de la mortalidad del ser humano y de lo igualitos que somos todos al quedarnos sin batería.
Es lo que en arte viene a ser un memento mori o una vanitas.
Si os preguntáis la diferencia entre estos dos conceptos tan importantes en la historia del arte, el memento mori es un recordatorio de que la muerte es segura. Se cree que esta locución latina tiene su origen en que en la Antigua Roma, cuando algún general superestrella desfilaba victorioso por las calles, tenía un esclavo encargado únicamente de susurrarle al oído esta frase continuamente para bajarle los humos.
La vanitas es también un recordatorio de que vamos a acabar siendo esqueletos, pero además suele venir acompañada de lujos, relojes de arena, frutas podridas, espejos y otros elementos para recordarnos que todo acaba y que los lujos mundanos no sirven de nada. La palabra, como no, viene del Eclesiastés: Vanitas Vanitatum et omnia vanitas. («Vanidad de vanidades, todo es vanidad»).
El que quiera, que tome nota de estos conceptos.
Nicolas Roerich