
El test del ojo inocente
La vaca que mira.
El neerlandés Paulus Potter (1625–1654) pintó en 1647 El toro. Toros y vacas eran su especialidad y las pintaba con un realismo y minuciosidad admirables. De hecho, es considerado el fundador de la pintura de animales. Poco sabía él que su obra sería protagonista más de 300 años después de uno de las pinturas más interesantes de la postmodernidad.
Mark Tansey replica perfectamente la obra estrella de Potter para ubicarla en una especie de laboratorio filosófico y artístico, donde unos científicos estudian a una vaca para ver si distingue lo falso de la realidad. O para ver si sabe de arte. Como ella, en su inocencia, no tiene prejuicios artísticos, quizás estudian a ver si la vaca entiende de pintura sin un condicionamiento cultural.
El caso es que los científicos esperan un veredicto.
La obra de Tansey tiene cientos de capas (tanto en forma como en contenido). Se representa observadores observando a una observadora. Y nosotros lo observamos. Se pregunta sobre pintura y representación, sobre qué es el arte, cómo lo percibimos y cómo lo interpretamos.
Tansey es un artista que hace Arte Conceptual, pero del bonito, del que cuida el resultado, porque para él la idea importa, pero la obra también. Es un poco —salvando mucho las distancias— una especie de Magritte postmoderno.
Como vemos, Tansey siempre crea obras monocromas (a veces azuladas, a veces rojizas, a veces sepias como es el caso), que además de remitir a la pintura académica y a la fotografía (dos pilares de su arte) nos obliga a concentrarnos en la estructura de las imágenes, sin distraernos en chorradas.
Y a diferencia de otros pretenciosos conceptuales, Tansey tiene sentido del humor. En ese juego postmoderno, sitúa a la derecha una obra de Monet, por si el naturalismo barroco no le funciona a la vaca, quizás le guste más el impresionismo.
Mark Tansey