
Las luciérnagas
Simbolismo total.
Esta magnífica pintura de Henri-Camille Danger es un ejemplo perfecto de la evolución de este hombre de un Academicismo hacia el Simbolismo, corriente que arrasaba la Francia de finales del XIX.
Quizás porque la realidad era un poco aburrida y nada sugerente, los simbolistas empezaron a pintar sueños, emociones, metáforas e imágenes de otros tiempos, a veces de otros mundos. Y todo con dobles sentidos, símbolos y metáforas, sin explicar demasiado, porque a veces si se explican las cosas, pierden su misterio. Para el simbolismo, un artista no puede ser demasiado literal.
Misticismo, alegoría, misterio, cierta melancolía… Todo evoca una atmósfera poética en la que el pintor personifica a esos mágicos insectos que brillan en la oscuridad. Por supuesto, la luciérnaga se puede también ver como un símbolo de lo fugaz de la belleza y de la vida, que dura lo que dura un destello en la noche.
Danger llena el cuadro de figuras femeninas casi fantasmales como ninfas que holgazanean y retozan sáficamente en el bosque. Por su luz (en este caso el halo de sus cabezas y no el culo, como se iluminan los insectos reales) resaltan en la oscuridad. Son puntos de luz como halógenos se reparten armoniosamente por todo el lienzo, demostrando que Danger era, entre otras cosas, un maestro del claroscuro.
Henri-Camille Danger