
Niña con niñera
Versioneando a Manet.
Eva Gonzalès fue discípula de Édouard Manet, aunque la historia del arte la ha recordado durante mucho tiempo sobre todo como su modelo. Sin embargo, Gonzalès desarrolló una carrera propia como pintora, aun cuando la influencia de su maestro fue decisiva.
En algunas ocasiones, la artista versionó obras de Manet, como es el caso de El soldadito (1870), inspirada en El pífano. Estas reinterpretaciones no deben entenderse como simples copias, sino como diálogos pictóricos con su maestro.
En este sentido, Niñera con niña puede considerarse la versión personal de Eva Gonzalès de la obra de Manet El ferrocarril. Las similitudes entre ambas escenas son evidentes.
En primer plano vemos la misma niñera que mira directamente al espectador con un gesto tranquilo y algo soñador, incluyéndonos en la escena mientras desatiende por un momento a la niña que cuida. A la vez, la misma niña de familia burguesa, de perfil, nos ignora, agarrandoa una valla, absorta en su propio mundo y ajena tanto a la niñera como a quien observa el cuadro.
Podemos jugar al juego de parecidos y diferencias. Parecidos: paleta suave y contenida, técnica ligera con detalles mínimos y pinceladas vigorosas, gusto por los contrastes dramáticos de luz y sombra. Diferencias: una composición abierta, menos claustrofóbica; una naturaleza muy conseguida, hecha a base de pinceladas rápidas. El juego de la luz del sol, colándose suavemente entre los árboles, transmitiendo placidez e integrando las figuras con su entorno.
El ferrocarril (1873)
Edouard Manet.
Óleo sobre tela (93,3 × 111,5 cm)
National Gallery, Washington
Pero, ¿Por qué Eva Gonzalès decidió revisitar la obra de su maestro? ¿Querría rendir un homenaje a su antiguo profesor, que tanto le enseñó y con el que, sin duda, tendría un vínculo especial? ¿Querría demostrar(se) que podía rehacer una obra del afamado artista con su propio estilo? Quien quiera ver en esta obra una simple imitación está equivocado: Gonzalès reimagina y transforma el tema convirtiéndolo en algo nuevo, indudablemente propio y personal, con un valor por sí mismo. En este cuadro demuestra que merece el reconocimiento como artista.
Eva Gonzalès, junto con otras como Berthe Morisot o Mary Cassat pintaban en un mundo de hombres, codeándose con grandes impresionistas, y debían luchar por hacerse un lugar y distinguirse de aquellos que les rodeaban y enseñaban. Las respuestas artísticas a su maestro debían ser deliberadas, quizás con una mezcla de admiración, reto y necesidad de encontrar validación en su mundo.
PD. Recomiendo observar esta obra y escuchar, a la vez, otro impresionismo plácido que le pega mucho: la pieza Gymnopédies nº1 de Erik Satie. ¡Disfrutadlo!
Eva Gonzalès