
San Próculo
Terribilità primeriza.
Miguel Ángel vivió en Bolonia una breve temporada de su juventud, y allí intervino en la Basílica de Santo Domingo, para la que creó tres figuras escultóricas de pequeño tamaño: San Petronio, un ángel con un candelabro y la que nos ocupa: San Próculo.
¿Y quién era este santo? Próculo fue un oficial romano que difundió el cristianismo entre los suyos, los paganos de Bolonia y sus alrededores. Por su labor fue perseguido y martirizado en el año 304, bajo las órdenes del emperador Diocleciano, durante su campaña de persecuciones a los cristianos. Sus restos se encuentran supuestamente en la misma basílica, y es uno de los santos más importantes de la ciudad, además del patrón militar de la misma, al que se rinde culto desde hace mucho tiempo.
La escultura que realizó Miguel Ángel de este personaje es pequeña y modesta, no sobrepasa los 60 cm. Aún así, nos fascina el estilo con el que representa al personaje: en un contrapposto, vestido con una túnica corta, las sandalias y su capa echada sobre los hombros, típica indumentaria de los soldados romanos. Su mano derecha, cerrada en puño tiene un hueco, debía empuñar una lanza de bronce que no se ha conservado.
Pero lo mejor de todo es la expresión de su rostro: el ceño fruncido, una mueca de enfado y una mirada retadora y desafiante. Es la primera vez que Miguel Ángel desarrolla y anticipa el que será su estilo original. Si conocemos la trayectoria del gran artista, no podemos evitar que el aspecto de su cara nos recuerde a sus célebres obras posteriores como el ceño fruncido del David o la terribilità del Moisés. Podríamos considerar esta pequeña obra como una primera muestra de dicha terribilità que caracteriza a tantas obras de Miguel Ángel, tanto escultóricas como pictóricas.
Es probable que el joven Buonarroti se inspirara en Andrea del Verrocchio, gran escultor florentino, máximo exponente durante la escultura del Quattrocento en la energía contenida, como podemos ver en su David de bronce o en la estatua ecuestre de Bartolomeo Colleoni, en Venecia. Además de una primera terribilità, Miguel Ángel también comenzó a experimentar con esa idea de la energía contenida y el énfasis de un instante y un movimiento, por lo que esta pequeña obra de su juventud, que no parece tener demasiada importancia, pudo ser una escultura clave en su trayectoria y en lo que estaba por llegar.
Desgraciadamente, la escultura no se encuentra en el estado más óptimo; fue reconstruida después de romperse en más de cincuenta trozos en el año 1572 por la torpeza de un fraile llamado Fray Pelegrino, que el día de la vigilia de la festividad de Santo Domingo chocó con la estatua y la tiró sin querer (pobrecito, seguro que se sintió fatal), y ésta cayó al suelo y se partió en varias partes. Tenemos testimonio de ello por otro fraile, fray Ludovico da Prelormo, bien dramático, que aseguró que al presenciar el suceso «creyó morir» y que «jamás en sus ochenta años había sentido un dolor tan intenso en el corazón». Gracias a la intervención de varios expertos, el destrozo pudo repararse y aún quebrado conserva su esplendor.
Michelangelo Buonarroti