
Sin título
Organismos de acero.
Esta obra puede parecer una pintura, pero en realidad estamos ante una de las esculturas de la artista estadounidense Lee Botecou, que sorprendió a todo el mundo en los años 60 con sus piezas abstractas realizadas —soplete de oxiacetileno en mano— con plástico, acero y objetos encontrados. Botecou colocaba sus obras colgadas de la pared, separadas del suelo, proyectadas hacia el espectador, situándose en algún lugar entre la pintura y la escultura.
Son obras hipnóticas, entre orgánicas e industriales, entre lo natural y lo artificial, entre figurativo y abstracto, entre lo futurista y lo primitivo. Objetos con mucha personalidad con cavidades y orificios que recuerdan a flores o insectos (para algunos son genitales femeninos) o más bien a sofisticadas naves espaciales. Después de todo, durante la II Guerra Mundial la madre de Botecou trabajaba fabricando piezas para submarinos.
Cuando aprendió a soldar en la escuela de arte, Lee descubrió algo: al cerrar el paso de oxígeno, la llama producía un aerosol de carbono denso y aterciopelado que le permitía aplicar una especie de efecto de aerógrafo, es decir, «pintar con humo», amplificando la tridimensionalidad de sus obras, y conseguir negros muy profundos y mate. Así, ensamblando esa piezas, Lee Botecou consigue ese personalísimo estilo.
Lee Botecou