
Virgen de la escalera
Miguel Ángel quinceañero.
Como en algunas de sus biografías contemporáneas a Miguel Ángel, podemos afirmar que mamó del mármol desde pequeño, demostrando unas grandes cualidades para ser artista. En la presente obra, el florentino esculpe a sus quince años un relieve a la manera de Donatello (stiacciato) 25 años después de su muerte.
El escultor en prácticas se picó en esta época a realizar bajorrelieves, como La batalla de los centauros. Sin embargo, Miguel Ángel nos empieza a representar temas religiosos, mostrando una enorme Virgen que recoge a su niño en brazos, mostrando el potencial anatómico del joven artista. Claro, que lo merece, el niño no es uno normal: es el nuevo rey de reyes. La madre de Dios se representa sentada en un cubo de piedra, mientras en el fondo a la izquierda aparece una gran escalera, un guiño a una obra editada en 1477, titulada Libro de la escalera del Paraíso, donde aparece la metáfora atribuida a San Agustín que presenta a la Virgen como una escalera: a través de ella, Cristo desciende al mundo, y al mismo tiempo, los seres humanos pueden ascender al cielo. Así, la escalera representa un camino espiritual, una conexión entre lo terrenal, lo materno y lo divino.
Al fondo también aparecen unos personajes un poco misteriosos, como figurantes que no se sabe si están en la escena principal o de extra. ¿Niños jugando? ¿Ángeles? ¿Gente sin más del barrio? No está claro, y eso es parte de la gracia.
Con sus errores, miren si leen esto la mano de la Virgen, un Miguel Ángel adolescente se posiciona como un futuro maestro en esto del Arte. Sin saberlo, el florentino iba a ser el mejor en lo suyo, sino pregunten a los papás que lo conocieron.
Michelangelo Buonarroti