
Sonata de las pirámides
Atardecer jeroglífico.
El simbolista lituano Mikalojus Konstantinas Čiurlionis murió a los tiernos 35 años (por cierto, miserablemente pobre), pero en esa corta vida le dio tiempo a componer alrededor de 300 pinturas y unas 250 piezas musicales.
Porque Čiurlionis era también músico. De hecho es lo que era. Desde pequeño ya demostró don para la música, por lo que a eso dedicó sus estudios. Sin embargo, sobre 1902 descubrió que una persona también puede expresarse por medio de la pintura y… ¿porqué no? se dedicó a ambas cosas.
En un intento creativo inédito, el artista hasta intentó fundir el lenguaje musical con el pictórico y esa conexión entre música y pintura se ve en muchas de sus obras, tituladas algunas de ellas como composiciones musicales, como esta Sonata, que como toda Sonata tiene tres partes: Allegro, Andante y Scherzo. Esta es la segunda.
Vemos aquí unas pirámides que evocan al Antiguo Egipto (Čiurlionis era apasionado de todo lo oriental y lo exótico) y ya que su bolsillo no le permitía viajar hasta ahí, al menos pudo recrearlo en pintura, de tonos extremadamente cálidos. Vemos una vista de pirámides de varios tamaños, algunas tan altas que cortan las nubes. Algunas tienen formas cónicas y varias tienen su vértice brillante, desprendiendo una luz mística.
Mikalojus Konstantinas Čiurlionis