Augusta Savage
Estados Unidos, 1892–1962
Augusta Savage está considerada una de las escultoras afroamericanas más importantes del siglo XX.
Dejó atrás su Florida natal, su familia sureña y su padre predicador —que consideraba que modelar y esculpir era un pecado— para ir a la gran ciudad buscando alimentarse de arte afroamericano. Eso, en los Estados Unidos de los años veinte, quería decir irse a vivir a Nueva York durante el «Renacimiento de Harlem».
Ese Renacimiento fue un movimiento artístico e intelectual surgido tras la migración masiva de más de seis millones de afroamericanos, que viajaban al norte de estados Unidos huyendo de la segregación del sur. Entre 1920 y 1930, Harlem era el centro neurálgico de la creación afroamericana, estrechamente vinculada a la lucha por los derechos civiles.
Éste fue un caldo de cultivo ideal para convertir a Auguste Savage en la autora que sería. Su obra es un desafío al imaginario estereotipado y negativo de la gente negra que ella misma vivió en sus propias carnes. Por ejemplo, la Escuela Fontainebleau de Bellas Artes de París le retiró una beca al descubrir que era negra, y ninguna protesta logró evitarlo.
Aun así, alcanzó cierto reconocimiento internacional y regresó a Harlem, donde fundó la su propia escuela de arte, la Savage Studio of Arts and Crafts. Con ella quería formar a jóvenes artistas afroamericanos y ofrecerles un pequeño espacio para mostrarse. Por ella pasaron artistas como Norman Lewis o Jacob Lawrence. Para ella, por encima de su arte estaban sus alumnos:
«No he creado nada realmente hermoso, realmente duradero, pero si puedo inspirar a uno de estos jóvenes a desarrollar el talento que sé que poseen, entonces mi monumento estará en su trabajo» [1]
La Gran Depresión y los disturbios raciales de 1935 en Estados Unidos pusieron fin la edad de oro cultural en la que participaba Savage, a demás de dar fin a muchos de los proyectos que se gestaron en ella.incluido su centro de arte. Pese a la calidad y relevancia de su trabajo, nunca obtuvo un respaldo económico acorde a su trayectoria y sus últimos años estuvieron marcados por la precariedad.
Augusta Savage continuó la senda abierta en el siglo XIX por la también escultora afroamericana Edmonia Lewis, combinando creación artística y activismo, y fue la primera artista afroamericana en ingresar en la Asociación Nacional de Mujeres Artistas de Estados Unidos, consolidando un legado fundamental en la historia del arte afroamericano.
Desgraciadamente, gran parte de su obra se ha perdido porque sólo podía permitirse, la mayoría de las veces, hacerla en yeso.