
Frans Masereel
Bélgica, 1889–1972
«Ahí estaba Frans Masereel, quien, con sus grabados en boj contra la abominación de la guerra, dibujaba ante nuestros ojos su eterno monumento gráfico, esas inolvidables láminas en blanco y negro que, por su fuerza y furia, no se quedan a la zaga de, por ejemplo, “Los desastres de la guerra” de Goya. Noche y día, este hombre varonil tallaba, incansable, nuevas figuras y escenas en la muda madera; la angosta habitación y la cocina estaban llenas hasta el techo de bloques de madera, pero cada mañana La Feuille publicaba una de sus acusaciones gráficas, que no acusaban a ninguna nación en concreto, sino siempre a nuestro común ene-migo: la guerra. ¡Cómo soñábamos con poder lanzar desde aviones, en lugar de bombas contra ciudades y ejércitos, hojas volantes con aquellas estremecedoras y furibundas acusaciones, comprensibles sin palabras, sin texto, hasta para el más inculto! Estoy convencido de que habrían matado la guerra antes. Pero por desgracia sólo aparecían en las pequeñas páginas de La Feuille, que apenas llegaban más allá de Ginebra.»
Este pequeño fragmento de El mundo de ayer de Stefan Zweig resume a la perfección la obra del xilografista belga Frans Masereel tanto en su dimensión formal como en la esencial. El escritor austriaco dedicó en su autobiográfica obra estas y otras palabras al artista que nos ocupa, ya que se trataba de uno de sus amigos del círculo de intelectuales que, en Ginebra, hicieron del antibelicismo su causa más noble a comienzos de la Gran Guerra, posición que marcará la vida y obra de Masereel, siendo declarado prófugo en Bélgica por negarse a incorporarse a filas. Comenzará así un periplo vital que lo llevará a Ginebra, París (donde aprende la técnica xilográfica), Moscú o China, mientras construye su propio lenguaje plástico que, irremediablemente, sufre el impacto de aquella Primera Guerra Mundial, siendo el negro más profundo su recurso expresivo más característico.
«Sus primeras aportaciones se subordinan a la prensa periódica, publicando en los diarios y semanarios su crónica negra de inequívoco significado. Entiende que la guerra, esa en concreto, se afianza sobre la usura y el enriquecimiento de la clase política y de la burguesía bancaria e industrial. Al igual que otros artistas, toma partido por el hombre sometido, herido, vencido y abatido, y denuncia sus terribles padecimientos.» (Díaz, 2021).
Una vez concluida la Gran Guerra, Masereel centra sus puntos de vista sobre las lacras causadas por el capitalismo voraz y despiadado. Sus creaciones denuncian la opresión del poder económico sobre las clases más desfavorecidas, transmitiendo un sentimiento del mundo agrio y desesperanzado, donde la avaricia se presenta como una metonimia del credo capitalista, capaz de convertir en humo los valores sociales
(Díaz, 2021).
Prácticamente hasta el año 2000 las fuentes en español sobre el artista eran más bien pocas. En el artículo de 2021 titulado «La producción xilográfica de Frans Masereel (1889–1972). Ilustraciones, estampas y novelas gráficas al servicio del compromiso social» de María del Mar Díaz González, se hace un recorrido por la vida y obra del belga, arrojando luz, fuente que, junto a la obra de Zweig, nutre este breve texto.