
Bautismo de Cristo
Espejo espiritual.
A principios del siglo XVI en Flandes, Joachim Patinir pintó esta obra en madera de roble, representando el bautismo de Cristo en el Jordán, siempre según Mateo (3:13–17). Para muchos (entre ellos varios ateos o agnósticos como Pasolini o Borges), este es el libro más influyente de la cultura occidental.
Mateo relata como Juan Bautista predicaba en el desierto, viviendo de saltamontes y miel silvestre y usando como prenda una túnica de pelo de camello. Cuando Jesús fue a visitarlo para ser bautizado, Juan se negó diciendo que tendría que ser al revés, ser Jesús el que lo bautizara a él. Pero si algo tenía Jesús era persuasión, así que acabó convenciéndolo.
En el momento que el bautista le echó el agua, los cielos se abrieron y apareció Dios en forma de paloma. Se oyó una voz: Este es mi querido hijo, del que estoy muy orgulloso.
El mismísimo Dios acababa de reconocer la paternidad ante los ahí presentes.
Patinir muestra la trascendental escena con su habitual estilo flamenco. Al pintor le gustaban más que nada los paisajes (es considerado por muchos el padre del paisaje occidental) y con predominio de el color verde, su preferido. En sus obras casi se le da más importancia al paisaje que al resto de elementos. El agua y las rocas siempre están presentes en sus pinturas, además de una característica luz fantasmal.
La directa mirada de Jesús al espectador es también perturbadora. Ya no es romper la cuarta pared o servir de ancla visual… es construir un espejo espiritual.
Joachim Patinir