
Bisontes de Altamira
La Capilla Sixtina del arte rupestre
Anónimo
-15000«Después de Altamira, todo es decadencia. No hemos inventado nada».
Pablo Picasso.
En el Paleolítico Superior, un artista o una artista cavernícola decidió pintar en el techo de su cueva este increíble grupo de bisontes. Tan increíble, que cuando se descubrió la cueva de Altamira en 1879, las buenas gentes de las comunidades científica y artística dudaron de la veracidad de estas pinturas rupestres y pensaron que se trataba de un fraude. ¿Cómo un troglodita pudo crear estas muestras de semejante habilidad artística, técnica y plástica?
Lo cierto es que la persona que pintó estas figuras era muy consciente de qué es eso del arte. Para empezar, hizo uso del relieve natural: pintó los animales aprovechando los relieves naturales de la roca, consiguiendo un espectacular efecto tridimensional, además de un hiperrealismo con un notable detallismo anatómico.
También usó policromía muy sofisticada para un paleolítico, donde hay hasta degradados de color. Llamó mucho la atención esa sensación de movimiento de los animales utilizando apenas un par de trazos. Es decir: un lenguaje figurativo que no se esperaba en un hombre o mujer de las cavernas.
¿Por qué pintó estos animales? Hay expertos que hablan de motivos rituales o religiosos. Pintar un bisonte podía valer para propiciar una caza exitosa, fundamental para la supervivencia del clan. Aunque quizás el motivo era simplemente estético: el «arte por el arte». Como los homo sapiens de ahora, a los de antes también les debía gustar decorar sus casas con cosas bonitas. O creaban arte porque era divertido, útil, bonito, terapéutico, verdadero, transformador…
No todo es cazar. O mejor dicho… cuando hay un techo y comida, el arte es el postre. Un lujo fundamental.