
Cástor y Polución
Proto-ecologismo.
Tras su llegada a París, Max Ernst pintó a estos dos tíos espalda con espalda, metidos en una especie de cilindro metálico que flota en el mar.
En esta suerte de submarino militar coronado por un molinillo, los dos personajes muy pero que muy parecidos —a juzgar por el título, son los mitológicos gemelos Cástor y Pólux— realizan unos extraños gestos con los dedos como forma de comunicación surrealista. Para un freudiano de pro como Ernst, los dedos metidos en la boca se asocian con la regresión infantil o incluso el silenciamiento forzado. O quizás la incapacidad del ser humano moderno para comunicarse o expresar sus ansiedades en un mundo hostil. Desde luego, no parece haber mucha comunicación entre ellos.
Además, Ernst los rebautiza como Cástor y Polución, introduciendo quizás la idea de los peligros de la era industrial en un ejercicio de proto-ecologismo. Seres humanos que no se hablan, máquinas contaminando océanos verdosos, cielos apocalípticos que se resquebrajan… Parece que Ernst ve en esta obra el futuro muy negro.
El surrealista une un mito clásico con la modernidad, mete algo de sus propios recuerdos en el frente de batalla durante la Gran Guerra de Europa, cosillas freudianas y lo ambienta en un futuro distópico fruto de la ansiedad tecnológica que al parecer ya existía en los años 20 del siglo XX.
El resultado es otra fascinante poesía visual, un nuevo enigma del surrealismo.
Max Ernst