
Dama de Baza
¡Es una mujer! ¡Es una íbera!
Anónimo
-350
Querido lector, ¿la conocías? La Dama de Baza es una de las esculturas más importantes del mundo ibérico y una auténtica maravilla del patrimonio español. No es solo es una Dama ibérica, sino el símbolo que confirma a la mujer como una parte fundamental de cualquier sociedad.
Realizada en piedra caliza, el conjunto fúnebre representa a una mujer entronizada. Sí, una mujer, no una diosa. Aunque su aspecto majestuoso ha llevado a algunos a pensar lo contrario, probablemente se trata de una aristócrata íbera. Solo miren su rostro: no parece el de una divinidad idealizada, sino el retrato de una persona real, con nombres y apellidos. Sus joyas, su vestimenta y su trono no hablan de poderes sobrenaturales, sino de riqueza, prestigio y una posición privilegiada en la sociedad. Y ahí es donde nos calentamos un poco la cabeza. Estamos hablando de una escultura cuya función era guardar las cenizas de una mujer poderosa. Quizá fue una gran matriarca, una líder de su comunidad o una figura de enorme influencia. Lo cierto es que el hecho de dedicarle un monumento funerario de esta calidad demuestra la importancia que pudo tener. Poca broma. Por ello, antes de convertirla en una diosa, tal vez deberíamos valorar otra posibilidad de que una mujer pudiera alcanzar tanto poder y respeto que, más de dos mil años después, todavía nos cueste creer que simplemente fue una persona extraordinaria. Luchamos contra la lógica.
Coronada en su simbología con unas alas divinas, la Dama de Baza permanece inmóvil desde hace más de dos mil años, serena y majestuosa. Con esa expresión tan firme, parece que todavía está decidiendo quién puede o no acercarse a contemplarla sin hacer demasiado ruido. Más que una diosa, es el retrato de una mujer extraordinaria cuyo poder y presencia siguen imponiendo respeto… incluso a los arqueólogos más tradicionales.