
Después del baño, Valencia
La vida y el viento.
«Aquí, para darse a conocer y ganar medallas, hay que hacer muertos». Esa es la famosa frase con la que Sorolla, paradójicamente, demuestra que lo que a él le interesa es la vida. Como todos los pintores de su época, tuvo que empezar su trayectoria con el género histórico de rigor. Afortunadamente, a principios de siglo Sorolla ya ha consolidado su fama a nivel mundial, la cual le permite volcarse de lleno en su auténtico motivo de inspiración: lo vital, que para él se traduce en el mar, la gente y la luz.
A partir de estos tres motivos nacen sus cuadros de esta época, con la playa valenciana como escenario central. En Después del baño, Valencia Sorolla pinta dos chicas adolescentes con sus batas de playa sobre un lienzo de telas y arena, dejando una abertura a la izquierda para incluir un trocito de agua con bañistas y unos niños jugando en la orilla. Lo más importante de este cuadro es sin duda el viento. Sorolla lo plasma figurativamente, con los elementos tangibles de las batas hinchadas, las ondeantes cortinas del fondo y el pelo que la chica rubia se está sujetando. Pero es todavía más extraordinario como evoca el viento también compositivamente, recurriendo a una sugerencia visual desapercibida a primera vista. Evitando la línea horizontal o vertical, el trazado del cuadro se compone de una diagonal principal (la del vestido rosa, reforzada por las sombras del suelo, la tela blanca, el brazo doblado de la otra chica y el respaldo de la silla) rota por la diagonal opuesta (con el brazo extendido y los pequeños del fondo). El resultado es un movimiento tan sensorial que el viento salado llega al espectador y el olor marino pasa a través del lienzo.
Joaquín Sorolla