
Dos chicas en un bote
Aguas tranquilas.
Otra muestra de la delicadeza de este genio de la acuarela.
Winslow Homer retrata la tranquilidad de navegar en un bote sobre aguas tranquilas. Lo hace con algunas eficaces y lacónicas pinceladas (no parece sobrar ni faltar nada aquí, ¡vaya economía creativa!). Lo hace dejando la mayoría del papel en blanco y consigue transmitir perfectamente la poesía de la luz y la sensación de que todo está bien, flotando en pura paz.
Es un descanso juvenil en un estanque donde agua y cielo son lo mismo y el sol está ahí presente, aunque no lo veamos. Las dos chicas (apenas dos borrones) sueltan sus remos y se dejan ir a la deriva en una extraña, una estúpida quietud de la tarde de un verano recién nacido. El futuro está llegando, ya parece olerse justo antes de que la vida despierte sus tormentas.
Mientras tanto, las dos chicas esperan entre ese calor y ese silencio. Es un raro momento donde la juventud descansa, quizás por aburrimiento, quizás por pereza, quizás por la confusión y la desconexión emocional de su edad. Quizás la juventud es exactamente eso: tener toda la energía del mundo y no tener la más mínima intención de usarla esa tarde.
Winslow Homer