
El humano como palacio industrial
Érase una vez el cuerpo humano.
En los años 20, el médico alemán Fritz Kahn decidió explicar de manera visual, divertida, eficaz y divulgativa los diversos procesos biológicos del interior del cuerpo humano. Su Das Leben des Menschen. Fue uno de los primeros en usar la infografía, aunque no fue él quien realizó las ilustraciones: él daba las ideas a un grupo de ilustradores que tenía a sueldo.
Este es un ejemplo, el cuerpo humano como un «palacio industrial», una fábrica, que es lo que en realidad es. Inspirado en los esquemas anatómicos típicos de la ilustración científica, Kahn se pone experimental e introduce una máquina o una serie de máquinas representando cada órgano de nuestro cuerpo.
El cerebro, sala de control principal del cuerpo, es el ordenador que lo controla todo. Recordemos que en los años 20 todavía no había ordenadores tal y como los conocemos, quitando alguna literatura de ciencia ficción visionaria o películas como Metrópolis. Unos cables y tuberías salen de la cabeza y se dirigen a cada órgano.
Expertos en miniatura controlan cada una de sus máquinas dedicados en exclusiva al correcto funcionamiento del sistema.
Así funcionan la respiración, la circulación, la digestión… En esta fábrica/palacio hay diversas salas especializadas y en cada una las máquinas y sus trabajadores cumplen su función. Por si no se entiende bien la cosa, Kahn etiqueta cada uno de estos órgano —hígado (leber), corazón (herz), riñón (niere), estómago (magen)…—, aunque por obra y gracia del lenguaje universal del arte, se entendía todo perfectamente. De hecho, estas ilustraciones alcanzaron una rápida difusión internacional.
Sin embargo, ya sabemos lo que pasó en Alemania en los años 30. Sí, los putos nazis. Como judío, Kahn fue cancelado. Sus libros sobre el funcionamiento del cuerpo humano (que funciona igual en un judío, un blanco o un negro) se quemaron públicamente. No pudo ejercer la medicina en Alemania.
Pero los dibujos eran tan buenos que un nazi decidió directamente robarlos y apuntarse su autoría. Un tal Gerhard Venzmer, un montón de mierda nazi, médico experto en «higiene racial» publicó su propio libro del cuerpo humano, plagiando directamente los de Kahn.
Afortunadamente, Fritz Kahn pudo escapar de una más que segura muerte. Einstein le echó una mano para llegar a los USA desde Lisboa.
Fritz Kahn