
El pastor distraído
El calor está en el aire.
William Hunt, el bruto y a la vez sensible y espiritual de la Hermandad Prerrafaelita, pintaba cuadros muy religiosos o, como es el caso, con contundentes mensajes morales.
Vemos aquí una escena pastoril, en medio de la campiña inglesa (a juzgar por la pinta del sonrojado pastor, que más británico no puede ser), a los dos personajes tonteando. El pastor trata de ligarse a la chica que está muy relajada con los pies en el agua y lo hace con un método tan romántico como mostrarle una polilla esfinge muerta (por cierto, la especie es la mítica Acherontia atropos, la del Silencio de los Corderos, 1991, que tiene dibujada una calavera).
Ambos están colorados y calientes como dos estufas. No cabe duda de que el amor (al menos su parte más física) está en el aire. Pero con tanta distracción el pastor ha olvidado su trabajo: cuidar al rebaño. Las ovejas se han escapado y van hacia el campo de trigo. Además, ella tiene en sus rodillas a un corderito comiendo manzanas verdes, algo que al parecer no les sienta nada bien a las ovejas.
El simbolismo de esta pintura es más o menos evidente: hay que ser profesionales, cumplir con nuestro deber y dejarse de distracciones, sobre todo las terrenales. Aunque para ser sinceros, pocas lecciones morales podía dar Hunt sobre este asunto.
Lo que no sabemos es qué significa la polilla… Seguramente algo relacionado con la muerte.
La obra, como casi todas las de la hermandad, cuando fue expuesta fue un escándalo: vulgar, demasiado erótica, saturada de colores, rústica, gañán…
William Holman Hunt