





Estudios para Homenaje al Cuadrado
Siempre cuatro lados.
A partir de 1950, el artista Josef Albers empezó a crear más de 1000 obras de arte durante 25 años con un protagonista principal: el cuadrado.
Albers pintaba esta figura geométrica más o menos siempre igual: tres cuadrados superpuestos (ligeramente descentrados, para un mejor diálogo entre ellos), pero cambiando el color de cada uno para demostrar que los colores se influyen unos a otros, que cambian según el que esté a su lado. Teorizando sobre esta «interacción del color», quiso investigar sobre cómo la percepción varía en función de los colores con los que se relaciona y de las condiciones en las que se visualizan.
Puede que los seres humanos les pase algo parecido.
Tras delimitar las áreas sin ayuda de cintas o plantillas, Albers estrujaba su tubo de pintura sobre el soporte y aplicaba su espátula para conseguir llenar uniformemente cada cuadrado.
«Mi padre fue un artesano honrado y competente, pintor y fontanero, electricista y carpintero. Decía que cuando se pinta una puerta hay que empezar por el centro e ir avanzando, porque de esa manera se controla el goteo y no se ensucia uno los puños. Así es como pinto yo mis homenajes.»
Albers había sido director del taller de muebles de la Bauhaus. Con la llegada de los hijos de puta de los nazis se fue a Estados Unidos donde dio clases en la facultad de Black Mountain College (Carolina del Norte), donde tuvo los más ilustres alumnos. De alguna manera, Albers sirvió de puente entre el arte europeo y el americano.
Además de co-inventar en Op-Art, con esta serie fue un claro antecedente del Minimalismo.
Josef Albers