
Hojas de otoño
Bohemio académico.
Niño bonito de la Royal Academy de día, peligroso prerrafaelita de noche.
El talentoso John Everett Millais pintaba para la academia, pero también para sus colegas bohemios. Como ejemplo, esta pintura, una perfecta y poética alegoría del otoño.
Cuando el sol está bajando en esos días cada vez más cortos, cuatro niñas recogen las hojas caídas de su jardín para hacer una hoguera. Por ahora no hay fuego, pero sí humo, que ya vemos aparecer entre las hojas. De paso, Millais habla de la juventud y del paso del tiempo.
Como buen romántico, Millais adoraba el otoño. Eso de quemas hojas secas lo remontaba a su infancia, sus dulces de días pasados, el olor que el verano pasado desprende al cielo.
Pero la crítica fue diversa. Por supuesto al gran defensor de los prerafaelitas, John Ruskin, le encantó la pintura, Para él era el primer ejemplo de un crepúsculo perfectamente pintado.
Sin embargo otros críticos de la época no apreciaron la obra por no tener un tema ni una narrativa clara, como marcaban los cánones victorianos. Tampoco vieron con buenos ojos que la pintura la protagonizaran niñas humildes, de clase trabajadora, al mismo nivel que otras de clase media. Y sobre todo porque Millais empezaba a descuidar sus pinceladas, hasta ahora tan milimétricas. En Hojas de otoño son claramente más amplias, rápidas y difusas.
John Everett Millais