
I wait
Ángeles victorianos.
La hija de la victoriana Julia Margaret Cameron le regaló a su madre por su cumpleaños 48 una cámara de fotos. Ese invento reciente, entre ciencia, arte y magia fue toda una revelación para la dama y se puso a sacar fotos continuamente.
En apenas diez años Cameron se convertiría en todo un referente de la fotografía artística, alabada por la mayoría. Aunque tenía sus detractores, ya que a la fotógrafa no le importaba demasiado la técnica. Su estilo era a menudo aparentemente descuidado, con imágenes llenas de manchas y rayazos.
A ella le importaba un pimiento la técnica. Lo que le interesaba era crear imágenes etéreas, poéticas, evocadoras, inspiradas en la religión, la mitología y la literatura. De la Biblia a los mitos artúricos, al modo prerrafaelita, sus vaporosas fotografías transpiraban un decadente lirismo victoriano.
Cameron disfrazaba a sus modelos con túnicas y alas y pretendía crear unos tableaux vivants similares a sus obras de arte preferidas (sobre todo las renacentistas). Y pese a lo aparatoso de la preparación de las sesiones y del esfuerzo invertido en el posado, los rostros que le salían eran todo naturalidad.
Así que sí: su estilo era algo punk, pero a la larga ese deliberado enfoque Suave (Soft Focus) se traduce en poderosas imágenes, llenas de originalidad y encanto.
Aquí Cameron retrató a su sobrina Rachel Gurney y a diferencia de la mayoría de retratos fotográficos de la época, es pura espontaneidad. Rachel nos mira seria (seguramente aburrida de posar para la pesada de su tía) y es inevitable que nos recuerde a uno de los putti de la Madonna Sixtina, una evidente inspiración para este retrato.
Julia Margaret Cameron