
Invocación
Mirada olímpica.
Frederic Leighton fue uno de esos artistas ingleses de finales del XIX obsesionados con el arte y cultura griega. Recordemos que en esos tiempos estaba muy de moda lo grecorromano, las olimpiadas, la escultura y arquitectura… de hecho el Reino Unido había saqueado media Grecia y se habían llevado al British Museum los frisos del Partenón, entre otros tesoros de la antigüedad clásica. Ahí siguen.
Leighton también se relacionó con la Hermandad Prerrafaelita, y precisamente la mezcla de estas dos cosas, el romanticismo prerrafaelita y las temáticas y estilos de inspiración griega, impregnan esta deliciosa pintura con una única e hipnotizante protagonista vestida de un blanco impoluto.
Se ve que Leighton sabía del tema e investigó a fondo sobre las ropas que llevaban las mujeres en la Grecia Clásica. No sabemos muy bien a qué viene esa Invocación: la señorita mira a la parte superior de una columna en la que parece haber una figura dorada, por lo que quizás es una artista o una actriz o algo así que busca inspiración en alguna musa. O quizás está invocando a Baco, a juzgar por las uvas situadas a los pies de la columna.
Lo que sí es innegable es la belleza en la mirada ambigua de esta mujer de la Antigua Grecia.