
Cimón e Ifigenia
Decameronazo.
Cimón e Ifigenia son dos personajes que aparecen en uno de los 100 cuentos del Decamerón de Boccaccio.
Cimón era un inculto y un bruto (de hecho, le llamaban «la bestia»), pero al encontrase a Ifigenia durmiendo semidesnuda en una arboleda, decide culturizarse un poco para conquistarla. Gracias al amor, Cimón consigue ejercitar algo su cerebro y de paso su alma. Su espíritu se eleva.
Leighton muestra el momento exacto en el que el garrulo se queda prendado. No es de extrañar, con semejante belleza, amplificada por el entorno incomparable, los tonos cálidos de la luz del atardecer y esos hipnóticos pliegues en las telas del vestido de Ifigenia. Cualquiera se enamoraría.
Aunque cierto es que Cimón no lo tuvo fácil para conquistar el amor de Ifigenia. La chica ya estaba comprometida con un tal Pasimundas, pero «la bestia», que al parecer todavía no se había civilizado lo suficiente, decide secuestrarla en su barco. La pobre llora durante meses. Por ello es apresado por Pasimundas, que se acaba casando con Ifigenia. Sin embargo, el día de la boda, Cimón escapa de la cárcel y se presenta en el banquete matando a casi todo el mundo. Secuestrando de nuevo a Ifigenia, vuelve a casa con ella.
No sabemos bien qué pretende decirnos exactamente Boccaccio esta historia de tan dudosa moral. Quizás que el que la sigue la consigue. Lo que sí sabemos es que la historia de Cimón e Ifigenia inspiró a artista como Leighton.
Frederic Leighton