
Juana de Arco
La dama de Orleans.
A Juana de Arco se le aparecen tres santos: San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita. Ahí los vemos, flotando fantasmagóricamente entre los árboles, envueltos en una nieblilla psicodélica. Juana está en shock. Se ha levantado de golpe y tiene cara de susto, confusión y también resignación: se la acaba de revelar el plan divino que es nada menos que ponerse una armadura de soldado, luchar en la Guerra de los Cien Años contra los ingleses, y erigirse en una líder militar y a la larga, la salvadora de Francia. Nada mal para una campesina analfabeta de 13 años.
Aunque después de sus victorias, a los 19 años, Juana sería traicionada por los borgoñeses (al servicio de Inglaterra) y quemada en la hoguera por hereje. Eso de ver visiones y oír voces, la Inquisición a veces lo veía bien o mal, según les interesase.
Con el tiempo, la figura de Juana de Arco sería rehabilitada y convertida en mártir católica, santa y patrona de Francia. Ni que decir hay que existen numerosas obra de arte inspiradas en ella, como esta de Jules Bastien-Lepage, francés hasta las cachas.
Jules era un pintor naturalista, pero decidió mostrar estas visiones sobrenaturales de Juana por un motivo: era la guerra franco-prusiana (en la que él luchó) y Lorena, la tierra natal de la santa había sido ocupada por sucios prusianos, así que el artista decidió inspirar un poco al pueblo de Lorena con un símbolo de la lucha frente al invasor.
El resultado es este hipnótico cuadro que mezcla naturalismo (esa naturaleza es extremadamente minuciosa), simbolismo (santos flotando) y sobre todo un poderoso mensaje político oculto.
Jules Bastien-Lepage