
Juventud
La primavera a orillas del río Rato.
El mismo año que este cuadro se realizó, ganó el Primer Premio del Círculo de Bellas Artes, el de mayor dotación económica de la España del momento. El jurado lo describió como «once jóvenes en graciosas y frágiles actitudes compuestas con toda la perfección de una escala musical». ¿Graciosas y frágiles porque son mujeres? Pues vaya. No esperemos mucho más de la España del franquismo. Lo importante es que Julia Minguillón era una pintora de las buenas en un mundo predominantemente masculino y machista, y eso de frágil no tiene nada.
La artista nos presenta a mujeres jóvenes en una composición en aspa, tal como hizo en su obra maestra Escuela de Doloriñas. Como es habitual en su producción, escoge una paleta de colores suaves, sin grandes contrastes. Diferente es el reparto de la luz, pues emplea el claroscuro, con sombras marcadas en el fondo del paisaje y el agua del río Rato, a las afueras de su Lugo natal. Un recurso para focalizar nuestra mirada en las mujeres iluminadas. Sobre todo en la que aparece desnuda, con un discreto paño de modestia. Las formas, especialmente en el rostro, están geometrizadas, bebiendo de las influencias poscubistas.
Al observar la composición, rápidamente notamos que algo nos suena. La Primavera de Botticelli, su Venus desnuda, las Bañistas de Cézanne… Son muchos los artistas que pintaron una alegoría femenina en la naturaleza. Quizás represente la belleza femenina, la vanidad… En los bocetos preparatorios Minguillón había titulado esta obra como Juventud-Primavera. Con tantas posturas y gestos puede que sea un alarde de buena técnica por su parte. El caso es que es un cuadro enorme, son muchas las retratadas y a tamaño real. Dimensiones que habitualmente se reservaban a los solemnes cuadros históricos. ¿Quería Minguillón monumentalizar a las mujeres?
Julia Minguillón