
La cuna
Taquigrafía visual.
Berthe Morisot retrata a su hermana Edma con su hija Blanche en la cuna.
Edma iba a ser pintora también, pero se casó con un señor que la persuadió abandonar el arte y ocuparse de su familia. Berthe no se lo tomó demasiado bien, pero poco podía hacer ella, así que respetó la decisión de su hermana y decidió seguir adelante ella sola con su prometedora carrera y dedicarse así en cuerpo y alma al arte. En alma, porque fue un miembro fundamental del grupo impresionista (la única mujer que en todas las exposiciones impresionistas, excepto una, ya que ella también acababa de ser madre) y en cuerpo porque fue una de las modelos preferidas de su amigo Édouard Manet. De hecho, acabó convirtiéndose en su cuñada, al casarse con su hermano Eugene Manet.
Morisot decidió retratar a su hermana mirando a su bebé. De hecho esa mirada crea una línea invisible en la composición, que en conjunto es fantástica. Morisot plasmó como nadie el movimiento y la luz con pinceladas cortas y rápidas, como pequeñas chispas que insuflan vida a la pintura. Sus colegas de grupo, quizás más académicos, no tenían esa chispa, aunque ellos sí podían pintar al aire libre. Una mujer burguesa como Berthe no se podía permitir semejante osadía, así que la mayoría de sus temáticas son en el hogar. Aún así su «taquigrafía visual» es la quintaesencia del Impresionismo. Fue la gran dama de la pintura.
De hecho fue ella quien exportó el impresionismo a los Estados Unidos y en este país llegó a vender más cuadros que sus amigotes Monet, Pisarro o Sisley.
Berthe Morisot