
Las tentaciones de san Antonio
El rey del delirio.
El Bosco pintó Tríptico de la Tentación de San Antonio a principios del siglo XVI, siguiendo la moda de la época, sobre todo en las tierras de Flandes, de mostrar las alucinaciones del santo, a cada cual más delirante. Pero por supuesto, El Bosco era el rey del delirio.
Tres pinturas en una que representan los tormentos que sufrió el pobre San Antonio Abad en su vida (según Atanasio de Alejandría, su biógrafo) y que obsesionaron al artista, que volvió más de una vez al tema.
A la izquierda hay varias escenas. Arriba San Antonio siendo derribado por una horda de terroríficos demonios; un poco más abajo la gruta en forma de un tío a cuatro patas cuya entrada es el culo, a donde procede a entrar una procesión de criaturas demoníacas; abajo Antonio devastado es sostenido por un monje y por —según algunas fuentes— el propio pintor de la obra, que se autorretrata; un poco más abajo vemos un puente en el que habitan un monje que lee un papel y un hombre-ave con un papel con la palabra «gordo».
El Panel central muestra a San Antonio rechazando la tentación. El santo está en el centro mismo, rodeado de gentuza realizando una misa no muy católica: sacerdotisas, sapos, demonios, magos, huevos, músicos, cerdos, buhos y demás lumpen agobian al pobre hombre, que nos mira señalando a Cristo. Al fondo una ciudad en llamas y miles de pequeños detalles con los que nos podemos quedar ciegos mirando durante horas y horas.
El Panel derecho plasma más tentaciones. Por supuesto, ahí está el sexo: una mujer desnuda aparece en un tronco hueco. Un sapo está descubriendo la tela para que la veamos. San Antonio nos vuelve a mirar para no caer en la tentación de la carne. Y más figuras extrañas: enanos, más demonios, gente desnuda, pan y vino, molinos… Y abajo un cuchillo clavado en una carne que no sabemos si es una cara o un culo.

El Bosco quiso plasmar a su críptica manera los peligros que hay en este mundo tan extraño, llenándolo todo de tentaciones, malos viajes de LSD y pesadillas que conforman una maravillosa y fascinante mitología propia que cautivaría a reyes y plebeyos y que sigue cautivando 500 años después.