
Mis padres
Casi toda una vida mirándose.
Puede que My Parents parezca una de las obras más aburridas de David Hockney, el artista británico famoso por sus piscinas, sus paisajes coloridos y su capacidad de convertir lo cotidiano en algo salido de una película de Hollywood.
Aquí Hockney se pone íntimo: no hay nadadores ni escenarios californianos; nos muestra a sus padres sentados, con la madre mirando al espectador y el padre absorto en su lectura. Si esperas acción, olvídalo; lo interesante está en los detalles y en cómo Hockney captura la personalidad de cada uno sin exagerar ni convertirlos en caricaturas.
El camino hacia esta versión final fue accidentado: los padres de Hockney tuvieron que posar durante horas y contemplar el nacimiento de dos intentos fallidos (incluido uno en el que el artista se introducía a sí mismo reflejado en un espejo entre ellos, usando el truco «a lo Velázquez»), lo que generó frustración y cierta tensión familiar. Sin embargo, como suele decirse, a la tercera va la vencida, y la hermana de Hockney, Margaret, comentó sobre la obra: Mamá y papá estaban muy orgullosos de ella y sintieron que todas las sesiones habían valido la pena.
Al pintar a sus padres, Hockney llegó a la conclusión de que cuando dos personas viven juntas tanto tiempo, aprenden a comunicarse sin palabras. Después de todo, llevan casi toda una vida mirándose.
Aunque My Parents pueda parecer sobrio en comparación con sus trabajos más vibrantes, refleja su talento para observar y retratar con afecto, humor y una precisión casi científica. Nos recuerda que incluso los genios de la pintura tienen un lado familiar, cotidiano… y ligeramente divertido.
David Hockney