
Pesca del tiburón
La belleza de lo impredecible.
En los años 80, el amor de Winslow Homer por el océano era palpable. Casi toda su producción artística de esa época tiene una temática recurrente, un protagonista, un paisaje: el mar.
Ya sea un mar tranquilo o tempestuoso, con gente o sin gente, con marineros o náufragos, el mar fue la musa de Homer y le inspiró para crear cientos de magníficas acuarelas donde transmite perfectamente la belleza, dramatismo y fuerza de este entorno acuático.
Es el caso de esta Pesca del tiburón, pintada durante su primer viaje a las Bahamas. Homer recrea a dos pescadores negros del caribe luchando contra un tiburón de un tamaño considerable (y unos dientes bastante afilados). Es otra de las sub-temáticas típicas de Homer: el Hombre contra la Naturaleza.
La luz del trópico baña estas aguas y se masca el peligro. De hecho, Homer pintaría otra acuarela que podríamos considerar la continuación narrativa de esta. En ella, no hay ni rastro de los marineros, pero sí unos tiburones dándose un festín.
Sharks; also The Derelict
Acuarela sobre papel.
36,8 x 53,2 cm
Brooklyn Museum
Como vemos, las acuarelas de Homer son un prodigio de maestría técnica. Los que la han probado, saben bien que es una de las técnicas más difíciles, donde no se no perdona el error. Hay que ser a la vez paciente y rápido. Se unen precisión y espontaneidad, control y azar.
Lo sabía muy bien Homer: el agua es muy difícil de controlar, es impredecible. Quizás ahí radica su belleza.
Winslow Homer