
Retrato de Daniel-Henry Kahnweiler
Retrato del promotor del Cubismo.
Si queréis sabe qué es el cubismo analítico, este quizás es el mejor ejemplo. De hecho, está retratado la persona que más protegió el movimiento, su principal (y prácticamente único) mecenas.
Daniel-Henry Kahnweiler fue un marchante de arte, que abrió su galería de arte en París cuando eclosionaban las vanguardias. Nadie parecía entender ese galimatías, pero Kahnweiler se olió el futuro y decidió fichar a Picasso y Braque, los dos inventores de ese estilo revolucionario.
Cuando todo el mundo se asustaba de las obras experimentales de estos dos —por entonces— muertos de hambre, Kahnweiler vio algo ahí además de gente partida en supuestos cubitos y decidió ofrecerles contratos en exclusiva. Es decir, que tuvo el derecho de las obras de estos artistas hasta la Primera Guerra Mundial.
Ni que decir hay que este señor se forró de dinero y hoy es considerado uno de los marchantes de arte más influyentes del siglo XX.
Picasso pintó este retrato de su protector en el otoño de 1910 y al parecer el marchante posó 67 veces hasta conseguir el resultado final, la obra cumbre de eso que llaman cubismo analítico, es decir, el cubismo más cubista y el primer tipo de cubismo.
Fijémonos que aquí no hay cubos, más bien todo lo contrario: el cubismo consiste en reconocer la naturaleza bidimensional del lienzo y no recrear su tridimensionalidad, cosa que precisamente pretende una figura como el cubo. Para mirar un cubo, hace falta un sólo punto de vista, y lo que querían artistas como Braque o Picasso, inspirados por Cézanne, es mirar un objeto desde todos los puntos de vista posibles. Para entendernos, es como desmontar una caja de cartón y dejarla completamente abierta en una superficie plana, mostrando todo a la vez, y entrelazado. Quizás por eso Kahnweiler posó tantísimas veces.
Como buena obra analítica, es fría. Como vemos, aquí no hay apenas colores, no son lo importante. Lo importante es mostrar diferentes puntos de vista de una cosa. Analizar la realidad y descomponerla geométricamente. El resultado es casi abstracto, pero si nos paramos se pueden reconocer ciertos rasgos de Kahnweiler.
Pablo Picasso