
Cuatro apóstoles
Los cuatro grandes pilares del cristianismo.
El gran Alberto Durero retrata a cuatro apóstoles, Juan, Pedro, Marcos y Pablo a tamaño natural, y lo hace en un díptico que es considerada su última gran obra. Su testamento espiritual.
El artista ya estaba cascado. Tenía 54 años, que no eran pocos en el siglo XVI (la esperanza de vida para un europeo medio era de entre 25 y 35 años) y quizás quería dejar una especie de última prueba de su fe inquebrantable al retratar a los cuatro grandes pilares del cristianismo y regalárselos al ayuntamiento de la ciudad de Núremberg. La reforma luterana estaba triunfando en su tierra, y ya sabemos que la religión y la política siempre van cogiditas de la mano.
En esta etapa de madurez, Durero no oculta sus influencias de la pintura veneciana, sobre todo en el uso del color, pero la expresividad de esas maravillosas caras es típica de un hombre del norte como él.
Esos rostros son fascinantes. Muy realistas. Son cuatro personas de cuatro edades diferentes y en cuatro actitudes. Hay estudiosos (Panofsky, uno de ellos, ojo) que consideran que además de representar los cuatro pilares del cristianismo, esto una representación de los cuatro temperamentos humanos (sanguíneo, flemático, colérico y melancólico).
Albrecht Durer