Domenico Gnoli
Italia, 1933–1970
Domenico Gnoli pintaba objetos y escenarios cotidianos. Detalles, pliegues, sombras y brillos acaparan el protagonismo en sus lienzos, que están cargados de un misterio poético y de un fetichismo que lo asocian directamente con el surrealismo, sin dejar de recordar al arte italiano del siglo XV.
Hijo de una ceramista y un historiador del arte, era evidente que Gnoli iba para artista. Respirando arte toda la vida en su casa y después en la escuela, empezó a exponer muy joven, con 17 años, y su obra viajó por toda Europa, despertando el interés de la intelligentsia artística de la posguerra, que buscaban algo personal, figurativo y original.
En los años 50 Gnoli se fue a Nueva York, donde su surrealismo fetichista cotidiano casaba muy bien con el Arte Pop. Pintó tejidos, cabellos, zapatos… primeros planos y fragmentos de objetos o personas a una escala agrandada para aislarlos de su contexto y que cobraran vida propia.
Gnoli mezclaba arena y polvo de mármol con sus pigmentos para conseguir una textura densa y táctil.
Mientras sus compañeros de generación experimentaban con lo abstracto, lo conceptual y lo povera, Gnoli fue abstracto, conceptual y povera dentro de su estilo. A su manera totalmente figurativa pero misteriosa y casi metafísica, donde lo cotidiano se vuelve mágico.
Gnoli murió con solo 36 años.