
Rizos pelirrojos
Fetichismo mágico.
Domenico Gnoli aislaba y ampliaba objetos cotidianos —sobre todo textiles— y en ocasiones elementos humanos, como los cabellos. Podía así recrearse en la magia que vive en los detalles, los pliegues, los brillos y las sombras del día a día. Los colores, texturas y escalas de lo retratado, más que lo retratado en sí, acaparan toda la atención del artista.
Sus lienzos (en los que mezclaba los pigmentos con arena o polvo de mármol para darle consistencia) están cargados de misterio poético, aunque muchos clasificarían esto de puro fetichismo. Esto asocia el arte de Gnoli con el surrealismo, sin dejar de recordar al arte italiano del siglo XV.
Hijo de una ceramista y un historiador del arte, Gnoli se rodeó toda la vida de arte. Italiano, fue consciente del inabarcable pasado artístico de su país y no pudo —ni quiso— evitar que esa tradición se filtrara en su arte. Pero en los años 50 Gnoli se fue a Nueva York, donde ese surrealismo neorenacentista fetichista cotidiano de alguna manera casaba muy bien con el Arte Pop. Un arte aparentemente sencillo, aparentemente banal.
Mientras en Europa, sus compañeros de generación experimentaban con lo abstracto, lo conceptual y lo povera, Gnoli fue abstracto, conceptual y povera a su manera, totalmente figurativa. Y misteriosa, casi metafísica, en ese mundo donde lo cotidiano se vuelve mágico.
Lo fue hasta 1970, cuando una enfermedad fulminante acabó con su vida con solo 36 años.
Domenico Gnoli