
Adoración de los magos
Non finito.
Leonardo da Vinci se tuvo que ir a Milán, dejando tirados a los monjes de San Donato a Scopeto de Florencia. Y de paso dejó esta obra inacabada, aunque muchos no ven en eso un defecto, sino una virtud.
Ese non finito hace de esta pintura una pieza bastante valiosa en la historia del arte, ya que con ella tenemos acceso de primera mano al proceso creativo de Leonardo.
Esta Adoración de los magos presenta en su parte central una composición piramidal. En ella da Vinci mete a la Virgen (el vértice superior de la pirámide), al Niño y los Reyes Magos arrodillados, presentándole al niño sus ya conocidos regalos: Melchor el asiático, oro como rey; Gaspar el europeo, incienso como Dios; Baltasar el africano, mirra como hombre (América todavía no tenía su rey a esas alturas del Quattrocento).
Pero rodeando esa escena principal, llena de calma y tranquilidad, contrasta el caos y la agitación: gentes de todo tipo se amontonan, soldados a caballo peleando y figuras que se retuercen y enmarañan unos con otros.
También podemos ver al fondo unas ruinas que incluyen una escalera que no conduce a ninguna parte. El historiador francés Pierre Francastel dijo que ese era el camino hacia el Paraíso.
Leonardo da Vinci