
Cabeza de caballo
(del Partenón)
El padrino.
Una cabeza de caballo puede recordarnos a unas cuantas obras maestras, como por ejemplo El Padrino (1972) o quizás al caballo de los Frisos del Partenón (438 a. C. –432 a. C.) esculpidos por Fidias.
A Delacroix le debió inspirar esta última, porque realizó este fantástico boceto a tinta en el que capta a la perfección la muy expresiva cabeza de equino creada por el escultor griego.

Cabeza de caballo.
Frisos del Partenón (438 a. C. –432 a. C.)
Fidias.
British Museum, Londres.
Esa boca abierta, las enormes fosas nasales y sobe todo esos ojos saltones hacen de este caballo que tiraba del carro de Selene uno de los cuadrúpedos más famosos y con más personalidad de la historia del arte y Delacroix, que viajó a Inglaterra en 1825 lo debió ver en el British Museum de Londres y se quedó fascinado por sus posibilidades artísticas.
Al romántico le debían encantar ese tipo de caballos emocionales, porque ya había introducido uno en su Matanza de Quios e introduciría otro muy similar al de Fidias pocos años después en su gran culmen del romanticismo, La muerte de Sadanápalo.
No sabemos si Delacroix tenía ya en mente el cuadro de Sardanápalo en su viaje a Londres o si fue ver el caballo de Fidias lo que inspiró el futuro cuadro, pero por si acaso hizo un rápido apunte en un papel que supone de por sí otra obra maestra digna del podio de cabezas de caballo geniales.