
Cupido dormido
Más enfermo o muerto que dormido.
El mundo oscuro y carcelario de Caravaggio representa un Cupido, o eso parece ser por sus alas y sus inscripciones, de una forma poco romántica y común. ¿Está dormido? ¿Está enfermo? ¿Muerto?
Caravaggio vivió su mejor vida en Malta, fue nombrado caballero —lo que faltaba— y recibió numerosos encargos de la corte. En este caso, querido lector, imagina que encargas al mejor de los pintores un Cupido para tenerlo en tu palacio, en el baño o donde quieras. Pues aquí el resultado, Caravaggio realiza un Cupido «dormido», pero de piel pálida y con poca vida en su morfología. Parece, efectivamente, que está enfermo o incluso muerto, con sus alas oscuras y un rastro de luz que enfatiza su vientre hinchado. Las alas, ennegrecidas y pesadas, parecen más propias de un ave nocturna que de un querubín dispuesto a repartir flechazos románticos. En fin, no transmite la alegría juguetona del Cupido renacentista, sino una extraña mezcla de inquietud y compasión, como si estuviéramos contemplando el final de un sueño o el comienzo de una pesadilla.
De nuevo, un tema común es renovado por el lombardo. Disfrazado de una siesta, la representación de Caravaggio nos abre un mundo oscuro, de muerte o de pesadilla. No hay rastro del niño risueño, sonrosado y juguetón que protagonizaba tantas pinturas renacentistas. En su lugar, encontramos un cuerpo pesado, casi inerte, iluminado por una luz que no parece acariciarlo, sino examinarlo. En el fondo de un encargo a Caravaggio, puede existir el verdadero arte.
Caravaggio