
Desnudo femenino acostado
Ese oscuro objeto de consumo visual.
Corinth continúa la tradición de desnudo femenino que se remonta a la Venus de Urbino de Tiziano, pasando por la Maja desnuda de Goya o la Olympia de Manet.
Pero aquí la exuberancia es notoria. Esta señora no nos mira como lo hacían las anteriores citadas y más bien se retuerce en las sábanas arrugadas exhibiendo su cuerpo voluptuoso en un desnudo casi integral (salvo por esas medias que aumentan el erotismo en los gustos más fetichistas). Y aunque provocarían el rechazo de las Guerrilla Girls, no deja de ser una obra de arte como la copa de un pino.
Hay que reconocer que está realizada bajo una mirada masculina. Un desnudo pasivo que viene a ser una especie de objeto de consumo visual. Seguramente se trate de la propia esposa del artista, la también pintora Charlotte Berend-Corinth, que posó en numerosos desnudos de Corinth.
Pese a todo, la modelo muestra un cuerpo con sus imperfecciones, alejado de los cánones de belleza academicista y además Corinth fusiona estilos, de lo académico al Impresionismo e incluso el expresionismo que ya llevaba unos años cultivando desde su derrame cerebral en 1911. Se ve en esas pinceladas vigorosas y en una paleta de colores brillantes que destacan en ese fondo oscuro.
Lovis Corinth