
Dos monos encadenados
La obra más pequeña y misteriosa de Bruegel.
En 1562, Bruegel pintó este intrigante cuadro de pequeñas dimensiones. Εn él, encontramos a dos monos en cautiverio, encadenados a una misma argolla de hierro en el interior de un arco, que nos permite una vista difuminada del puerto de Amberes. A este tipo de monos se les llama «de boina roja», por el pelaje rojizo en la parte superior de su cráneo, que hace que parezca un sombrero. Son originarios del Congo y Nigeria principalmente; pero como solía ocurrir por la época, este es uno de los muchos casos en los que una especie exótica era sacada de su hábitat natural y vendida al mejor postor por los comerciantes de animales.
En esta representación, se ha querido ver una metáfora elaborada por el artista, donde los primates simbolizarían las locuras y la codicia de los humanos, de lo que ellos mismos acaban prisioneros. Los vicios y la falta de moderación hacia los caprichos materiales hace que este sea el resultado.
Pese a que este es el significado en el que la mayoría de expertos coinciden, el cuadro sigue siendo a día de hoy un auténtico enigma, y se han querido ver todo tipo de significados hasta en los pequeños detalles, como las cáscaras de nueces o la posición de los monos: uno mirando con los ojos muy abiertos hacia el espectador y el otro girado, como si le molestara nuestra presencia.
Antes que Bruegel, Gentile da Fabriano, artista italiano, realizó una Adoración a los Magos en el que aparecen también un par de monos encadenados, en posturas similares. En esta obra no le damos tantas vueltas al significado de los animales, que tienen un simbolismo más común asociado a estos animales, el de la corrupción innata de los humanos.
Sin embargo, que Bruegel pintara a un par de monos como protagonistas de este pequeño e íntimo cuadro desconcierta mucho más, y hace que los historiadores de arte nos planteemos si quería transmitirnos algún mensaje especial.
Pieter Bruegel