
El proceso de Burgos
Con la represión hemos topado.
Seoane compone la escena con un plano americano, es decir, los tres hombres retratados son cortados a la altura de la rodilla. Lo hace para atraparnos, para acercar la imagen al espectador y eliminar cualquier distancia posible. Así podemos sentir cómo se nos vienen encima estos tres militares con cara de pocos amigos, brazo en alto y arma en mano. Fijaos en la composición: no hay aire. De las rodillas a los gorros, sin espacio para nada más. Seoane quiere ahogarnos como la dictadura y su represión ahogaban a millones de personas.
Este artista polifacético (lo mismo hacía un mural que la portada de un libro) pertenecía a los «Renovadores», un grupo de artistas gallegos, entre los que se encontraban Laxeiro y Maside, que pretendía situar el arte gallego en la contemporaneidad. En general, Seoane representaba a la clase trabajadora por medio de la figura de la mujer como alegoría de todo el pueblo gallego. Nada que ver con estos tres militares, pero no debe extrañarnos. Los «Renovadores» creían firmemente que el arte debía tener un fin social, lo que incluía hacer oposición a la dictadura. Recordemos que Seoane estaba exiliado.
En 1970 un tribunal militar juzgaba y condenaba a muerte a varios acusados de ETA, sin ninguna garantía de derecho. Eso fue el proceso de Burgos, pero Seoane no lo reconstruye ni lo retrata. Centra la diana en lo que el proceso significaba: militares decidiendo quién es culpable y quién muere por ello. Y por eso mismo los tenemos ahí en frente, en un plano americano.
Fiel a su estilo, importa el símbolo y el mensaje. Sin profundidad, con planos de colores, trazos negros y esquematización máxima. Así era su obra, una síntesis de elementos plásticos simples y profunda carga social.
Luis Seoane