
Mujer sentada
El nacimiento de un icono.
La factura de esta obra resulta bastante postimpresionista. Las pinceladas no se ocultan, la creación de volúmenes recuerda a Cezanne y una protagonista línea negra recorre todo el cuerpo como las siluetas de Valadon. La sensación monolítica imprime cierto carácter cubista, y el potente trazo negro marca una tendencia expresionista. Esto puede parecer una macedonia, pero tiene mucho sentido. Luís Seoane fue un pintor que se propuso cambiar el arte gallego acercándolo a las soluciones vanguardistas e internacionales, es decir, renovarlo y adaptarlo a su tiempo.
En las primeras décadas de su carrera (años 40 y 50) asienta las bases de lo que será su obra y su reconocible estilo propio. Lo hizo mediante una evolución hacia la simplificación y esquematización que en esta obra aún no se puede ver, pero sí intuir. Los colores levemente matizados, con escasas luces y sombras, darán paso a colores totalmente planos. La silueta de un grueso trazo negro se convertirá en su seña de identidad, independizándola de la forma (vamos, que las líneas irán por libre). Y la figura humana rozará la abstracción con una esquematización llevada al extremo.
Esta obra muestra otro aspecto importante de la carrera de Seoane: el arquetipo de mujer. Mujer como clase popular, trabajadora, digna, representante del pueblo gallego. La figura femenina será protagonista de la mayoría de sus obras, siempre marcadas con un prisma de denuncia social.
No sabemos exactamente qué quiere transmitir con esta mujer. Pero a mí observarla me produce cierta satisfacción y orgullo. La vemos sola, ocupando toda la composición, poderosa y rotunda como un tótem.
Luis Seoane